A continuación, expondremos algunos aspectos críticos relacionados con el uso de las analíticas del aprendizaje. De hecho, el reto más importante actualmente no consiste en el acceso a la información o su explotación mediante potentes algoritmos, sino más bien en el uso que se hace de esos datos y al propio hecho de su mera existencia, que puede hacer un sistema vulnerable de formas que ahora mismo no podemos anticipar.
En este sentido se han realizado diferentes estudios sobre el impacto de las analíticas en educación y todos convergen en solicitar una revisión y análisis del impacto social y educativo de las prácticas actuales de datos desde una mirada crítica. Raffaghelli et al. (2020) ofrece una perspectiva, adoptando una epistemología de datos proactiva, en la que destaca la oportunidad que brindan los enfoques basados en datos para analizar la calidad educativa. Al mismo tiempo, revela las criticidades de las métricas y su significado para la reputación de la educación superior, al desentrañar los impactos de dichos instrumentos tanto en la cultura institucional como en las decisiones y prioridades de académicos y estudiantes. Prinsloo (2020), quien explora en profundidad los problemas de los datos de los estudiantes y su uso para producir una tecnoestructura para las analíticas de aprendizaje, explora el problema a través de la lente conceptual de la vulnerabilidad como condición inherente de los estudiantes en el sistema. Stewart (2020) se basa en la necesidad de construir alfabetizaciones de datos críticas para navegar esos datos tanto dentro como fuera de la universidad, y los requisitos conectados de desarrollo de la facultad para lograr este objetivo. Finalmente, Manca (2020) se relaciona con el uso de datos «sobre el desenfreno» de las redes sociales más allá del contexto universitario. Su perspectiva incorpora alfabetizaciones de datos críticos dentro de la alfabetización de redes sociales.
Por este motivo, vamos a identificar los elementos que deberemos tener en cuenta cuando iniciemos un proceso de aplicación de analíticas del aprendizaje en el contexto educativo. El primer elemento crítico corresponde a los principales interesados en esta tecnología: el profesorado. Sin embargo, algunos autores (Aleven, Holstein y McLaren, 2017) critican como el diseño de cuadros de mando de analíticas del aprendizaje no coincide con lo que el profesorado necesita, debido a que no se les consulta para el diseño de las herramientas. El segundo elemento crítico corresponde a los estudiantes, puesto que si abogamos por un modelo de enseñanza y aprendizaje en cuyo centro se encuentra el propio estudiante, queda claro que estos también son parte interesada en el uso y explotación de las analíticas del aprendizaje, no solo por el hecho de ser los creadores de la información en sí misma, sino también para permitirles el acceso a dichas analíticas durante el desarrollo de la acción formativa. De esta manera, se les facilita su participación en la definición de los criterios que se deben seguir para el análisis del aprendizaje, y se les ofrece una visión crítica del uso de los datos.
En el sentido legal más estricto, no debemos perder de vista la normativa relacionada con la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) y el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) a nivel europeo. En relación con este punto, es importante remarcar la necesidad de custodiar adecuadamente la información digital recogida de los sistemas de información, así como también la obtención del consentimiento informado de todas las partes implicadas en el análisis (profesorado, estudiantes, universidad). De lo contrario, el uso de los datos podría verse afectado por factores externos que limitaran su tratamiento, impidiendo así su uso.
Otro aspecto crítico de las analíticas del aprendizaje es el factor tecnológico, ya que en la mayoría de los casos no es posible desvincular el entorno virtual, en el cual se desarrolla la actividad de enseñanza y aprendizaje, de la herramienta de analíticas del aprendizaje que se utilizará para realizar el seguimiento y evaluación de los estudiantes. Las peculiaridades de cada entorno de aprendizaje en línea y sus potencialidades, así como la diversidad de métodos de análisis existentes, no favorecen la implementación generalizada de las analíticas del aprendizaje desde un punto de vista estándar. En otras palabras, cada contexto requiere una aproximación técnica concreta, pero esta falta de estandarización puede provocar que no sea tenido en cuenta el error en las mediciones (Bergner, 2017). En este sentido, existen algunos proyectos como el del estándar xAPI (Experience API) que fue desarrollado para ofrecer una solución escalable y transversal a todos los entornos donde se pudiera implementar las analíticas del aprendizaje. Sin embargo, este tipo de iniciativas no están generalizadas entre los entornos de software con los que podamos contar hoy día de manera habitual y extendida.
Si se deja de lado las cuestiones tecnológicas en relación con el uso de las analíticas del aprendizaje, debemos remarcar el papel esencial que juega el profesorado en el proceso de evaluación. Al respecto, es posible que el profesorado pueda tener dificultades con la interpretación de la información que se les suministra, puesto que suele ser heterogénea en formato y tipología o difícil de evaluar en contraste con los valores de referencia. Este es el motivo por el que es necesario formar previamente al profesorado y ayudar a interpretar la información que las analíticas del aprendizaje reportan sobre la actividad de los estudiantes. Por ejemplo, muchos cuadros de mando incluyen diferentes modelos de visualización de datos, desde el más básico a través de iconos hasta el más complejo representando grafos de nodos al estilo del análisis de redes sociales.
A pesar del carácter cuantitativo que la mayoría de autores otorgan a la información que se obtiene de las analíticas del aprendizaje, el valor cualitativo radica en la interpretación conjunta de una gran variedad de métricas, dado que ofrece una visión compleja del proceso de aprendizaje llevado a cabo y, de este modo, una perspectiva cualitativa del fenómeno estudiado (Cerro, Guitert y Romeu, 2020).
Otro de los elementos que cabe destacar desde una perspectiva crítica es la forma en la que el profesorado accede, procesa e interpreta la información relacionada con las prácticas educativas en línea. El profesorado debe hacer frente al reto de comprender fenómenos complejos relacionados con el aprendizaje en entornos educativos, sobre todo cuando intervienen multitud de variables y contextos, no tanto sobre la forma de recoger la información que necesitan, sino más bien sobre cómo analizan esa información para obtener juicios de valor que aseguren una correcta toma de decisiones. Es en ese punto donde el docente juega un papel fundamental y esencial, ya que será él quien decida las acciones que emprenderá basándose en la interpretación de los datos, por muy bien que estos vengan representados.
Por lo tanto, el rol del docente en la evaluación dentro de un modelo educativo en el que los estudiantes se encuentran en el centro del proceso de aprendizaje debe ser activo, mediante el uso constante de las analíticas del aprendizaje. Para ello, el profesorado ya no solo debe ser competente en digital para el ejercicio de su actividad profesional, sino también debe ser competente en ciencia de datos, interpretando la información que los sistemas de enseñanza y aprendizaje le suministran.
La información que proporcionan las analíticas de aprendizaje no son autosuficientes, sino que permiten dotar al profesorado de información relevante para su práctica profesional en modelos híbridos y en línea. De este modo, proporcionarán al estudiantado unas sugerencias (feedback) más objetivas y detalladas, lo que facilitará una verdadera experiencia de aprendizaje y, en consecuencia, mejorará la docencia y los resultados académicos de los estudiantes.